Estaba en la salida del metro. Nerviosa. Bueno mejor dicho casi histérica. Con un cigarro en la boca haciendo una calada tras otra y caminando arriba y abajo parándome en los escaparates pero sin prestarles realmente atención.
Miré el reloj. Faltaban 5 minutos para la hora acordada para el encuentro y en mi cabeza solo me venía cómo narices había llegando a esta situación. Tenía 5 minutos para retractarme e irme: Pero no. Yo nunca haría algo así. Volví a pararme delante de un escaparate y observé mi reflejo en el cristal. Pasé la manos nerviosamente por el pelo y me pinté un poco más los labios. Una calada más y tiré el cigarro al suelo.
Me giré hacia la salida y allí estabas. Mirando a un lado y otro buscándome. Miraste el reloj y cuando subiste la cabeza las miradas se cruzaron, sonreíste y empezamos a andar hacia el otro.
Cuando estuvimos uno frente al otro nos dimos un par de besos. Uno en cada mejilla. Empezamos a hablar y a caminar. Íbamos uno al lado del otro a pocos centímetros pero sin tocarnos. Mientras andábamos y hablábamos nos íbamos mirando de vez en cuando.
Entramos en un bar y nos sentamos en una mesa al lado de de la ventana. Pedimos un par de cervezas y seguimos hablando.
Mientras hablabas te observaba. Estabas reclinado ligeramente hacia delante. Gesticulabas y de vez en cuando mirabas alrededor como si lo que me estuvieras contando fuera un secreto que nadie más pudiera saber.
Es tal y como me lo había imaginado y tiene una voz bonita (pensé)
Estuvimos allí mas tiempo del que queríamos ya que cuando nos dimos cuenta era de noche y nos habíamos tomado 4 cañas cada uno.
Cuando quedamos habíamos quedado que sería para tomar un café y ya está pero sin darnos cuenta eran las 9 y media de la noche.
-¿Quieres ir a cenar algo? (me dijiste) me lo estoy pasando muy bien contigo la verdad.
-Claro... porqué no. Yo también me lo estoy pasando bien.
Así que empezamos a andar hacia un restaurante italiano que conocías y estaba cerca de allí.
Pedimos un plato de pasta cada uno y una botella de vino.
Hablábamos y reíamos más que comíamos. Antes de terminarnos la pasta pedimos otra botella de vino.
Me encantaron esos ojos con los que me mirabas. Cuando reías se cerraban ligeramente y adquirían un tono brillante. No recuerdo exactamente cómo fue pero en un momento después de que el camarero retirar los platos ya vacíos me cogiste la mano para mostrarme algo. Cuando eso pasó recuerdo que me ardían las mejillas y recé para que la poca luz que había en el local lo disimulara.
-Qué te apetece de postre? (preguntaste mientras mirabas la carta)
.No se... no soy mucho de postres en realidad...
Levantaste los ojos de la carta y se quedaron mirando los míos. Sonreíste ligeramente y llamaste al camarero.
-De postre tomaré un tiramisú por favor. La señorita no desea nada. Ah y tráiganos un par de cafés por favor.
El camarero se fue y nos quedamos en silencio. Nos mirábamos a los ojos pero ni el uno ni el otro decía nada así que cogí mi copa y dí otro sorbo de vino.
En aquel momento me dí cuenta que había bebido un poco más de lo que debí haber hecho. Notaba cómo empezaba a estar en una nube. Empezaba a notar que te deseaba y eso era culpa del alcohol sin duda (me dije intentando convencerme a mi misma)
El camarero llegó con el tiramisú y te lo puso delante. Bajaste la vista y cogiste la cuchara y cogiste un poco y te lo llevaste lentamente a la boca.
.¿Quieres un poco? está delicioso.
-Mmmm... bueno...
Antes de que me diera tiempo a llamar al camarero para pedirle otra cuchara ya habías cogido un trozo más con la tuya y me lo acercaste. Abrí ligeramente la boca y me dejaste probar el exquisito postre mientras me mirabas con esa sonrisa.
Al poco rato entramos en un pub que se había puesto de moda recientemente. Nos acomodamos en uno de los sofás y pedimos un par de copas.
Intentamos hablar pero como o nos entendíamos con el ruido que había de fondo nos acercamos más hasta estar a escasos centímetros el uno del otro.
Nos hablábamos al oído aunque realmente no hacía falta por la cercanía que teníamos. Cada vez que dejábamos de hablar nos mirábamos fijamente y aunque intentaba mirarte a los ojos no podía desviar la mirada de tus labios.
Pusiste una mano en mi muslo y me susurraste si me apetecía ir a bailar o prefería que nos quedáramos un rato más allí.
Si seguíamos así de cerca no sabía cuanto tiempo más sería capaz de controlarme así que nos fuimos.
Entramos a la discoteca abarrotada de gente. Nos dirigimos a la pista y empezamos a bailar.
Entre el alcohol y las luces de colores empezaba a moverse el suelo bajo mis pies pero me estaba divirtiendo mucho. Bailábamos cerca pero sin tocarnos. Alguien pasó tras de mi y me empujó sin querer así que terminé a unos 3 centímetros de ti y de tu cara. Sonreíste. Me pusiste la mano en mi brazo te acercaste a mi oreja y preguntaste si estaba bien. Yo solo asentí y sonreí y me puse a bailar de nuevo.
No sacaste tu manos de mi brazo sino que la deslizaste hasta mi mano y entrelazaste tus dedos con los míos. Bailamos un poco más así. Cogidos de la mano mientras nos mirábamos a los ojos. Ya no hablábamos ni reíamos en realidad. Sólo nos movíamos y nos mirábamos. Y de pronto sin saber muy bien cómo fue me encontré en medio de la pista de baile con una de tus manos en mi cintura y la otra en mi nuca y empezamos a besarnos.
Sin parar de besarnos empezamos a balancearnos al ritmo de la música y al cabo de un rato separamos nuestros labios y seguimos bailando. Esta vez mucho mas cerca el uno del otro. Me hiciste girar y me dejaste de espaldas a ti. Seguíamos moviéndonos lentamente mientras me besabas el cuello y me abrazabas por la cintura. Estuvimos así un rato. No se exactamente cuando fue ya que hacía horas que había perdido la noción del tiempo.
Cuando salíamos de la discoteca tiraste de mi y me quedé con la espalda en la pared y tu enfrente mio y volvimos a besarnos. Sentía calor y tenía la respiración agitada. Nos separamos y empezamos a andar un poco más pero volvimos a parar para besarnos. Los besos se volvían cada vez menos dulces y más apasionados. Mas necesitados. Mas excitados. Cuando nos dimos cuenta estábamos frente la playa. Te miré, sonreí y tiré de ti y entramos en la arena.
Nos sentamos cerca de la orilla. estábamos muy cerca el uno del otro y poco a poco te acercaste más a mi y me acariciaste la mejilla y empezaste a besarme. Terminamos tumbados tu encima de mi. No parábamos de besarnos y empezábamos a acariciarnos los brazos, la espalda... Cada vez sentía más calor así que hice que rodáramos y yo terminé encima tuyo. Te miré unos momentos me acerqué lentamente a ti y te di un tierno beso en los labios y me levanté. Me mirabas con cara sorprendido. Te sonreí y te pregunté:
-¿Te apetece? (girando ligeramente la cabeza señalando así el mar)
Sin esperar respuesta empecé a quitarme los zapatos primero, luego la camiseta... Vi que te ponías de pie y empezabas a desvestirte. Te quitaste la camiseta y luego los zapatos mientras yo me había quedado solo en ropa interior. Me giré y empecé a mirar el mar. Levanté las manos y me las puse en la espalda mientras buscaba el cierre del sujetador. Cuando lo encontré lo desabroché y lo tiré a mi lado. lentamente puse mis manos en la cintura y empecé a deshacerme de la última pieza que cubría mi cuerpo.
Sopló una ligera brisa e hizo que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo y empecé a dar pasos hasta llegar a la orilla y poco a poco entré.
Cuando el agua me llegaba un poco más arriba de la cintura oí que entrabas en el agua. Di un paso mas y me sumergí completamente.
El agua no era fría tal y como había esperado sino que era templada. Cuando salí a la superficie me sequé la cara con una mano y noté que estabas justo detrás de mi. Noté cómo me cogías la mano por debajo del agua y me hiciste girar hasta quedarnos el uno frente al otro. Diste un pequeño paso y empezaste a besarme. te abracé y mientras seguíamos besándonos entramos un poco más hasta que el agua nos llegó por el pecho.
Estábamos en la playa de noche. Besándonos dentro del agua. Nunca había sentido lo que sentí aquel día. El deseo iba en aumento. Los besos cada vez se volvían más apasionados y las manos empezaron a moverse acariciándonos por debajo del agua. Me pusiste las manos en mis muslos y los acariciaste e hiciste que pusiera mis piernas alrededor de tu cintura. Los besos cada vez se iban volviendo menos dulces convirtiéndose en apasionados.De pronto sentí cómo mi cuerpo estaba hambriento. Mi cuerpo tenía ganas de ti y sentía que el tuyo tenía ganas de mi. Bajaste la mano que tenías en mi espalda y la pusiste en medio de nuestros cuerpos. Sentía que el deseo y la pasión iban en aumento y de pronto noté porqué habías puesto la mano entre nosotros.
Poco a poco empezaste a entrar en mi. Cerré los ojos y dejé de besarte unos instantes y cuando estuviste completamente dentro no pude contener un gemido y empezamos a besarnos de nuevo mientras nuestros cuerpos se iban moviendo al compás de la marea.
Empecé a besarte el cuello y las orejas mientras seguías moviéndote o me movía yo no lo tengo muy claro. se te escapó un gemido y seguí besándote en los labios, en el cuello y en las orejas.
Noté que salías de mi y abrí los ojos. Seguías agarrándome por las nalgas y empezaste a andar hacia la orilla. Sin dejar de besarnos en ningún momento seguías andando hasta que llegamos a la arena y muy despacio me dejaste en el suelo. Me miraste a los ojos y te tumbaste encima de mi y volvimos a fundirnos en un apasionado beso.
Y volviste a entrar en mi y empezaste a moverte primero lentamente. Me agarrabas las manos con las tuyas por encima de mi cabeza. Los movimientos iban en aumento al igual que nuestro deseo.
Abrí los ojos y vi que tenías los tuyos cerrados. Empezaste a besarme el cuello nuevamente y al girar la cabeza para dejar vía libre a esos besos que tanto me gustaban reaccioné y recordé dónde estábamos. No me lo podía creer. Cómo había llegado hasta aquí y así?! Tu seguías moviéndote y una oleada de calor me abrasó el cuerpo por dentro y me di cuenta que estábamos en un punto de no retorno. Y en realidad por mucho que me costara admitirlo no quería que hubiera marcha atrás. Solo deseé que nadie nos viera y volví a cerrar los ojos y a concentrarme en el placer que sentía.
Pasé mis dedos por la espalda firme y ancha. Enredé mis piernas con las tuyas y bajé mis manos hasta que se pusieron en tus muslos. No dejabas de moverte pero necesitaba más. Mi cuerpo me pedía mas de ti así que apreté las manos haciendo que te hundieras un poco más en mi y así los movimientos se volvieron meos delicados y más rápidos y apasionados. Se oyó un gemido pero no supe si había sido tuyo o mio. Volví a apretarte más contra mi e empezamos a besarnos ferozmente. Los movimientos no cesaban ni quería que lo hicieran. Notaba cómo el calor iba recorriéndome el cuerpo hasta que llegué al clímax y gemí como no recordaba haberlo hecho nunca. tenía la respiración agitada y tú también pero no dejamos de movernos.
- Más (te susurré al oído)
Cerraste los ojos en un intento absurdo de controlar tu cuerpo pero no lo conseguiste. Llegaste al orgasmo pocos minutos mas tarde.
Nos quedamos así tú encima de mi hasta que las respiraciones recuperaron su ritmo normal. Poco después saliste de mi y te tumbaste a mi lado. Yo me senté y contemplé el mar y la calma que se respiraba en aquel punto de la agitada ciudad.
Busqué en mi bolso y encendí un cigarrillo. Tranquilidad y silencio es lo que se respiraba.
Cuando terminé el cigarro te sentaste a mi lado y me abrazaste y me besaste el hombro aún descubierto. Un par de minutos mas tarde nos levantábamos y empezamos a vestirnos.
Cuando estuvimos vestidos nos cogimos de la mano y empezamos a andar hacia el paseo marítimo. Una vez allí nos calzamos, nos miramos y nos besamos por última vez.
-Han sido una tarde y una noche maravillosas. Lo he pasado genial (dijiste)
-Han estado bien la verdad (respondí y sonreí)
No hay comentarios:
Publicar un comentario