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jueves, 14 de marzo de 2013

Adolescencia, divino tesoro

Queridas florecillas, hoy voy a narraros una historia real, una experiencia vivida en primera persona por "moi", un día cualquiera, en un supermercado cualquiera...



Esta mañana ha sido muy completa... He madrugado para poder ultimar detalles y consentimientos para mi próximo viaje a Madrid, tras mantener una controvertida charla con algún que otro compañero de curro y otra un poco más esperanzadora con mi jefe, he ido a hacer un poco de compra para mi hogar dulce hogar acompañado por mi amiga la muleta que me ayuda en las distancias largas.
Como soy humano tras unas horas de aquí para allá mi vejiga ha decidido darme la voz de alarma para recordarme que de vez en cuando conviene un buen vaciado. Pues de camino al servicio (de un supermercado que no voy a mencionar) contemplo un desagradable e importante charco bajo la puerta del baño masculino. En mi cabeza resuena una voz familiar haciendo un ruidito del tipo "Ugghh" que yo interpreté de forma acertada como "ahí no piso ni de coña" así que me encaminé hacia el reservado a minusválidos (que como estoy medio cojo tampoco es que desentone). Miro la puerta (no se ve charco, ni foco de luz) procedo a abrir la puerta pero no se abre... se escucha un sonido extraño... llamo a la puerta "TOC, TOC, TOC, TOOOOC" (Como Beethoven en la 5º sinfonía) me acerco a escuchar, más sonidos extraños seguidos de un apresurado "OCUPADO" espero... un minuto, dos, tres... mi vejiga comienza a quejarse de verdad, cinco minutos... de nuevo "TOC, TOC, TOC TOOOOC" Otra vez esos sonidos seguidos de un "OCUPADO" juraría yo que jadeante... me acerco a escuchar con la oreja pegada a la puerta (No, no soy cotilla, soy curioso) O.O ¿era eso sonido de jadeos? parpadeo, movimiento incrédulo de cabeza y de nuevo la atención en la puerta... ¡ERAN JADEOS! ¿Pero qué coño...? Vuelvo a llamar, esta vez impaciente como quien Sheldon Cooper ("Toc, toc" ¡Penny! "Toc, toc" ¡Penny! "Toc, toc" ¡Penny!) y me abre la puerta con aire cabreado un adolescente semidesnudo y su acompañante femenina también adolescente con semblante avergonzado. Mi cara de incredulidad... me miran, miran la muleta, me vuelven a mirar... les observo y les recuerdo la importancia de usar preservativo, les deseo un buen día y entro al servicio.
No hay mejor edad que la de el adolescente, en la que no te da asco follar en baños públicos :)
Se despide vuestro ensoñado autor.
Un cómplice abrazo.