Como cada domingo me desperté al mediodía con resaca de la noche anterior.
Me levante y cuando vi como había quedado la casa después de la fiesta de anoche me vestí y salí antes que me diera un ataque.
Subí al coche y empece a condudir sin rumbo fijo mientras imágenes de la noche anterior llegaban a mi cabeza. Ropa por el suelo, risas, copas y latas en la mesa del comedor, besos robados en el sofá, mas ropa en las sillas, vasos de xupito vacíos al lado de la tele, ropa y vasos tumbados en el baño y al lado de la cama...
La resaca no pasaba inadvertida mientras seguía conduciendo mientras el sol brillaba delante de mis ojos.
Paré en una gasolinera a comprar un café a ver si me despejaba un poco y seguí conduciendo.
Una hora después me fijé en el cartel que había al margen de la carretera comarcal por la que estaba pasando.
Maldiciones nunca inventadas me venían a la mente cuando reaccioné y me di cuenta de hacia donde me dirigía.
Como cada semana me encontraba conduciendo hacia el mismo sitio. La misma ciudad que pocas veces en esos 7 largos meses había llegado.
Como siempre una valentía fingida se apoderó de mí y me repetía a mi misma una y otra vez: "Esta vez si. Lo necesito. Que le den. Esta vez si lo haré. Seré egoísta. Me da igual la mala cara y los morros que me pondrá. Me da igual la bronca que me echará. Esta vez si. Hoy llego hasta allí y me siento a la barra del bar y espero."
Una sonrisa se dibujó en mi cara mientras el miedo empezó a corroerme por dentro.
La última palabra que me escribió por mensaje se me venía una y otra vez a la mente mientras yo misma intentaba aplacar el miedo y los temores que iban en augmento minuto a minuto.
Un cigarro para intentar aplacar la ansiedad cada vez mas visible. La pierna izquierda no paraba quieta. Malditos nervios.
"Hoy si. Lo haré. Por mi." volvía a repetirme una y otra vez.
Dos horas y media cajetilla de cigarros mas tarde me encontraba cerca de la maldita ciudad. La empezaba a visualizar a lo lejos.
Recuerdos de su risa entre besos delante el hotel, recuerdos de paseos cogidos de la mano, recuerdos de conversaciones absurdas entre copas, recuerdos de aquella absurda felicidad que me invadía cuando lo tenía al lado absorbían mi atención cuando un coche se me cruzó y casi salgo de la carretera del volantazo que tuve que dar.
Me paré en el arcén, puse los cuatro intermitentes y empecé a dar golpes al volante de la rabia mientras las lagrimas corrían mejilla abajo.
Minutos mas tarde me dí por vencida de nuevo y asumí una semana mas que el miedo a cruzar la ciudad e ir hacia su pueblo podía a mi empeño para olvidarle y salir adelante sin él.
Di media vuelta mientras me decía a mi misma que era una cobarde e intentaba psicoanalizarme.
"¿Por que casi cada semana hago lo mismo? ¿Por que siempre termino dando media vuelta antes de llegar a la ciudad? ¿Será por que no tengo el valor suficiente para enfrentarlo? ¿O quizás es que prefiero ser masoca y revivir el dolor una y otra vez?"
Preguntas sin sentido. Preguntas estúpidas. Preguntas sin respuestas que poder dar.
"No más. No puedo seguir asi" me repetía. "Esta ha sido la última vez. Me lo prometo." me decía mientras asumía que me estaba mintiendo a mi misma.
Dolor por los meses transcurridos lenta y dolorosamente. Rabia por no haber sido capaz de olvidarle. Impotencia por no haber sido capaz de pasar pagina.
Enfadada conmigo misma, como siempre que volvía de allí, cogí el teléfono y marqué el mismo número que había marcado todas y cada una de las veces que había hecho ese trayecto estúpido.
-Hola! ¿Que tal? (me respondió la voz melódica y masculina al otro lado del teléfono)
-Hola. ¿Vienes?
-Claro. ¿Cuando quedamos?
-En 30 o 40 minutos llego a casa.
-Muy bien. Allí estaré.
Colgué sin despedirnos.
Respiré profundamente y encendí otro cigarro pensando en la noche de placer que me esperaba.
Puse el intermitente y giré por la calle de la izquierda. 10 metros mas abajo volví a poner el intermitente para entrar al garaje y allí estaba él. Tan guapo como siempre. Alto, moreno con el pelo corto. Con pantalones cortos, chanclas y una camiseta manga corta un poco ancha que no dejaba ver realmente su escultural cuerpo. Esperando de pié delante la puerta.
Cuando me vio puso aquella sonrisa seductora y pícara y bajó hacia el parquing.
Mientras aparcaba me preguntaba porque no me había enamorado de él. Tenía todo lo que una mujer quiere de un hombre.
Era guapo, simpático, alegre, tenía buena conversación, era detallista y atento y porque no decirlo bueno en la cama.
Suspire mientras quitaba la llave del contacto, bajé y me lo encontré a poco mas de un metro de mi.
Le miré y sonreí a modo de saludo segundos antes de lanzarme encima de él.
Nos besamos con necesidad. Besos rudos y voraces mientras él me cogía en brazos y me apoyaba bruscamente contra uno de los pilares de frío hormigón.
Sentíamos el hambre crecer dentro de nosotros por momentos.
Mis manos recorrían su pelo y sus hombros mientras las suyas estaban fuertemente agarradas a mis nalgas para sostenerme.
Apreté un poco más mis piernas alrededor de su cintura y tiré de su pelo antes de mordisquear su oreja y susurrarle un necesitado "subamos"
Un gruñido se colo por su garganta. Abrió los ojos y empezó a andar hacia el ascensor mientras yo seguía mordiendo su cuello.
Por suerte no tuvimos que esperar al ascensor y pudimos subir rápidamente.
Mis dedos se deslizaban por debajo de su camiseta cuando el "cling" del ascensor nos indicó que habíamos llegado mientras se abrían las puertas.
Busque torpemente lo mas rápido que pude las llaves en mi bolso y abrí la puerta del piso.
Aún en sus brazos cerré la puerta y tiré al suelo el bolso y volvimos a besarnos desesperados.
"La rabia es un buen acompañante de la pasión" pensé mientras me tiraba a la cama y se quitaba rápidamente los zapatos.
Le agarré por el cinturón y tiré de él dejándolo encima de mí.
Mas besos apasionados mientras íbamos dando vueltas en la cama.
Mas caricias bruscas necesitadas de carne que recorrer mientras nos quitábamos la ropa.
Arañazos en sus lumbares cada vez que se separaba unos centímetros.
El corazón bombeaba rápido. Notaba el pulso acelerado. Empezaba a tener mucho calor y sed.
Alargué mi brazo buscando el segundo cajón de la mesilla de noche. Lo abrí y saqué un condón.
Le bese y se lo pasé.
Segundos mas tarde me miraba a los ojos y empezaba a entrar despacio dentro de mí.
"Mierda. Ahora no. No necesito eso ahora" pensé
Las manos se desplazaron de su espalda a su cadera y tiré de él bruscamente haciendo que entrara de golpe.
Un gemido salió de mi boca amortizado por sus labios que volvían a cubrir los míos.
"Más" susurré.
Y él empezó a moverse más rápido. Más profundo dentro de mí.
Cuando abría los ojos me encontraba con su mirada que me observaba atentamente.
Le besaba y volvía a cerrar los ojos.
Dimos vueltas sobre nosotros mismos hasta que estuvimos a punto de caer de la cama.
Arañazos en su espalda, mientras él empujaba un poco mas fuerte y tiraba de mi pelo.
Chupetones en su cuello cuando disminuía de velocidad o profundidad.
Y finalmente el esperado orgasmo.
Casi al mismo tiempo. Casi perfecto si no fuera porque en aquel instante me vino a la mente la imagen de otro.
Con la respiración aún agitada nos tumbamos el uno al lado del otro.
Cuando conseguí relajarme y vi que mi pulso había vuelto mas o menos a la normalidad me levanté (como siempre) a por un vaso de agua y a por un cigarro.
Él seguía tumbado en la cama con los ojos cerrados mientras yo lo observaba desde la puerta del dormitorio fumando.
Como siempre él abrió los ojos cuando recuperó la consciencia y me miró.
Los dos sabíamos que era hora que se fuera. Solo placer. Esa era la condición desde el principio.
-¿Por que? (preguntó)
-Por que que? (respondí intuyendo problemas)
-Llevamos medio año viéndonos. Los sábados o días entre semana no te importa que me quede a dormir pero los domingos... siempre me miras de esa forma para decirme sin palabras que me largue..
Silencio. No quería responder.
-¿Por que? (repitió)
Cogí aire y suspiré.
-Solo placer. Ya sabías las condiciones....
-Es cierto. Siempre las he sabido. Pero repito ¿Por que los domingos me llamas, me follas y haces que me largue rápido?
Silencio
-¿Es por otro tío verdad?
Lo miré atónita. No podía ser... Esto se estaba convirtiendo en una pesadilla.
-Que importa. Solo placer (repetí)
-¿Es por el mismo que tienes pesadillas?
No respondí. No sabía que decir.
-Me he quedado aquí las suficientes noches como para darme cuenta que muchas veces tienes pesadillas y te despiertas a media noche y te vas al sofá o al ordenador y no vuelves hasta al cabo de un buen rato.
Mierda. mierda! mierda!! (pensaba)
-Tengo el sueño ligero y aún que no abría los ojos oía como te levantabas silenciosamente y te ibas.
-Si. Lo siento. (no podía decir nada mas. Él mismo lo acababa de averiguar. No valía la pena negarlo)
Suspiró y se sentó en la cama.
-Los motivos son míos y solo míos. No vale la pena hablar de ellos. Tu vienes y me das placer igual que yo te lo doy a ti. No compliquemos las cosas por favor...
-Cierto. Pero creo que debes decir basta. No puedes seguir así. O lo olvidas o le plantas cara pero así no puedes vivir.
¿De verdad me estaba pasando esto a mi?
-¿Eso quiere decir que no quieres que te llame mas? (pregunte casi avergonzada)
-No es eso. Y lo sabes. Pero ¿de que te sirve ese placer? ¿para aplacar el dolor? No hagas eso...
Me senté a su lado sin decir palabra. Sabía que tenía razón pero también sabía que lo había intentado muchas veces sin lograr nada.
Cerré los ojos y suspiré.
Me envolvió entre sus fuertes brazos unos momentos. Me beso de una forma que no me había besado nunca. Un beso tierno y lleno de cariño en la cabeza. Me acarició el pelo. Se levantó, se vistió y haciendo lo que le había pedido sin palabras se fue.
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